sábado, 19 de noviembre de 2011

Y en mitad del relámpago llegó el mal de altura


Siempre creí que aunque mis problemas no se los contara a nadie yo los tenia asimilados y algo superados. Que podía llorar porque ya no me hacían daño y lloraba porque era el momento de empezar a olvidar, de enfrentarme a ellos dándome todo igual. Tengo algo ahí que quiero soltar y dejarlo marchar, pero no puedo. Es como cuando tienes muchísimas ganas de gritar, te dispones a ello pero no te sale la voz, como cuando necesitas correr y huir pero tus piernas no responden o como cuando hay tres segundos de silencio que tu quieres que rellenar con algo pero se te traban las palabras y se alargan los segundos mudos. Y es en ese momento, que sin quererlo llega la frustración, las locuras y las ganas estúpidas de escribir.

-Quiero... que te vayas al Infierno.
 -Sabes, el problema es que a veces...
¡El Infierno viene a ti!