domingo, 23 de septiembre de 2012

Eskerrik asko, Bergara



Todo empezó por las ansias de huir de la terrible ciudad de Madrid, tomarme dos semanas para mí y dejar de ser “perfecta”. “Llegamos a Bergara el 16 a las 6. Dejamos la mochila en el salón...” Presentaciones, rondas de besos, todas aquellas normas, “Bartolo” y muchas ganas de empezar el “trabajo” en la residencia. La vida con los residentes era un reto cada día, porque siempre tenían algo que mostrarte, no había ni un segundo que no te enseñaran algo positivo. Ver sonreír a algunos era todo un lujo, jugar al balón, al parchís...o simplemente entablar una conversación con ellos eran momentos que nunca vamos a poder olvidar. Segundo rampa siempre estará presente en mi, las manos largas de Máximo y su tacatá, las palmas de Félix, la vitalidad de Trini, las quejas de María Luisa, las ganas de irse de Eduardo, las negativas de Joxepi, las largas conversaciones con Julián y esa gran sonrisa de Ernesto.
No esperaba conocer a tanta gente maravillosa. No creí que podía aprender tanto de personas tan diferentes a mí, tanto en edad como en personalidad. Éramos tan distintos pero con el mismo objetivo para esos 14 días, pasarlo bien. Solo habíamos estado unas cuantas horas juntos y parecía que nos conociéramos de siempre. Fluía todo sin más. Cada actividad, velada, cena, excursión…nos unía más como grupo. Y cada vez que a alguien se le ocurría decir cuantos días quedaban para marcharnos, lo único que queríamos era matarlo, porque el hecho de pensar que nos quedaba menos tiempo juntos era una pesadilla. Sabíamos que la despedida iba a ser dura, para unos más que para otros, por esos grandes lazos que se habían creado y que esperamos que duren mucho tiempo. Fue duro, muy duro ver como todo se acababa. Cogimos el autobús con lagrimas en los ojos por dejar todo atrás y porque echaríamos de menos a muchas personas. Otra forma de decirlo es que hemos metido en nuestra mochila de la vida una experiencia positiva y preciosa…"No, no fue suerte. Es que somos muy grandes."